De la impostura considerada como una de las Bellas Artes…

Esta breve entrada estará dedicada a la picaresca, a tres episodios ínfimos protagonizados por individuos que, mediante la impostura y el engaño, se aprovecharon del candor y la ingenuidad de los alaveses. Es poca la información con la que contamos, serán apenas unos destellos.

Arrancamos en 1428. En las actas municipales de ese año encontramos referencias a la visita de dos llamativos viajeros. El 26 de mayo, se reunieron en el convento de San Francisco de Vitoria los principales varones de la ciudad, y en presencia de los escribanos, acordaron y mandaron:

Que diesen a Gorgio, cavallero de Chipre, que salió de Tierra de Moros que estaba catibo, por amor de Dios, é para ayuda de su espensa del Camino que va a Guadalupe, a cumplir su prometimiento, que fiso e prometio porque la dicha Gloriosa le sacase de catibo, doscientos maravedíes, e otros doscientos, a Maestre Gregori de Sevilla, predicador.

¿Quiénes eran esta extraña pareja a la que otorgaban semejante donativo? Realmente no contamos con más información, pero diversos cronistas de la ciudad -entre los que cabe destacar a Ladislao de Velasco y a Tomás Alfaro y Fournier- han adornado esta escueta nota, imaginando que este caballero y su escudero serían en realidad dos embaucadores de profesión. En Memorias del Vitoria de antaño leemos una simpática recreación de su hipotética llegada a la ciudad, dos días antes, siendo recibidos y hospedados por el alcalde con pompa y boato. Las autoridades locales habrían escuchado embobados “la narración de los novelescos episodios de su cautiverio”, de boca de este elegante caballero, consintiendo finalmente la cuantiosa aportación económica a su piadosa peregrinación:

Contando con la devoción de los españoles a la virgen, se había asociado al Predicador Maese Gregorio, y habiendo conseguido una poderosa influencia, esta lo había recomendado a todos los provinciales de diferentes ordenes monacales, quienes a su vez lo hacían a varios Alcaldes de los pueblos, para que se facilitaran los medios de cumplir decorosamente la promesa.

En opinión de Ladislao de Velasco, las gentes de Vitoria no hablarían ese día de otra cosa, congregándose un gentío en la iglesia del convento de San Francisco para escuchar la prédica de Maese Gregorio. El sevillano sería un diestro orador, acostumbrado a repetir la misma cantinela en todas las etapas de su acomodada peregrinación. Difícil saber si su historia era cierta, o si se trataba de dos experimentados vagamundos. Aunque cabe apuntar que desde el siglo XII fueron relativamente frecuentes las condenas, de autoridades civiles y religiosas, que imponían la peregrinación, y la existencia de peregrinos vicarios o por encargo. Sea como fuere, el caballero Gorgio apenas le llega a la suela del zapato a los verdaderos maestros del engaño durante el siglo XV: los duques y condes del Pequeño Egipto.

primera carta gitanos
Licencia concedida por el rey Alfonso V, el Magnánimo, de un salvoconducto a favor de Juan de Egipto Menor para viajar por todo el territorio de la Corona de Aragón (1425)

Así, bajo ese ficticio titulo nobiliario que remitía a un reino inexistente, hicieron su aparición en la península ibérica los gitanos. Aseguraban estar realizando una larga penitencia de siete años, a causa de un lejanísimo y memorable pecado: sus antepasados habían rehusado dar protección y albergue a la Santa familia en su huida a Egipto (en otros casos, se habían visto obligados a apostasiar, obligados por los sarracenos). Viajaban para purgar esta falta, y lo hacían portando fabulosos salvoconductos, que acarreaban limosnas, donativos y privilegios, incluso una jurisdicción propia. A partir de 1425, año en el que esta fechada la primera carta conservada de seguridad de tránsito para un romaní en la península Ibérica, debemos imaginar a los vecinos del Pequeño Egipto vagando por todo el territorio. En el caso alavés, la primera noticia la encontramos en las actas de la ciudad de Vitoria pertenecientes al mes de abril de 1484. Desde entonces, hasta 1552, su paso por la ciudad es constante. Y ya en una fecha temprana, en 1492, se constatan los primeros problemas: “que se pa­gue de la hacienda de la ciudad un florin que el regidor Juan Martines de Adurça dio a los de egipto por limosna e porque non se estobieren en la ciu­dad a hacer daño”. En un estupendo estudio de Iñaki Bazan, dedicado a la delincuencia y la criminalidad en el País Vasco, se enumeran cuales eran esos daños que los gitanos podían ocasionar:

“Esta­ban los de egipto en la ciudad y facian urtos en ella […] se vayan luego y por­que no hagan urtos ni latrocinios y otros inconbenientes que de su estancia se siguieren […] salgan de la ciudad y su jurisdicción porque han hecho y hacen muchos urtos […] se vayan de la ciudad y no hagan más daño”

Para tratar de impedir estas situaciones, en distintos puntos del territorio se tomaron diferentes medidas, tanto preventivas como punitivas. En el caso de Vitoria, se trató de impedir su entrada en la ciudad y en su jurisdicción “so pena de cincuenta azotes” (1514-1518). Y muchas villas vascas comenzaron a conceder limosnas, a condición de que abandonaran sus términos jurisdiccionales. En Vitoria, hay registro de estas ayudas desde 1484 hasta 1552. En otras localidades, no eran aceptadas por los corregidores, al considerarlas un gasto indebido que, además, fomentaba un mal comportamiento: no trabajar y vagabundear.

Desconocemos bajo que argumentación se presentarían inicialmente los gitanos en Vitoria, pero, viendo como durante décadas se aprovecharon de las generosas limosnas que compraban su alejamiento, podemos suponer que el influjo de esas cartas de recomendación y salvoconductos presentados inicialmente -ese supuesto origen nobiliario-, seguiría ejerciendo su influencia, perpetuando un modelo caritativo que los trataba como supuestos romeros. Desde luego, una treta muy ingeniosa, que les permitía peregrinar eternamente.

***

Por último, vamos a dar un salto hasta la primera mitad del siglo XVII, para apuntar la anécdota de un vecino de Vitoria que quiso aprovechar la difícil coyuntura social que se vivía en Álava en aquel entonces. Durante el proceso inquisitorial de Logroño (1609-1614), en el que más de 2.000 personas fueron investigadas y procesadas por brujería, fueron numerosas las encausadas alavesas. Docenas de acusadas y centenares de cómplices tuvieron que testificar, generándose un tenso clima que acarreó incluso el suicido de una vecina de Korres, angustiada tras haber implicado a un alto número de vecinos mediante su declaración forzada.

Pues bien, esta enrarecida situación venía siendo utilizada durante décadas por “los impedientes”, individuos que se hacían pasar por miembros del Santo Oficio para extorsionar a las personas que, de forma real o ficticia, iban a ser investigadas por la Inquisición. Bajo esta falsa autoridad, ejercían su influencia sobre las víctimas, tratando de chantajearles a cambio de no denunciarles o no detenerles. En el caso del proceso que nos ocupa, se juzgo junto a las personas anteriormente mencionadas a un mercader vitoriano natural de Audikana, Pedro González de Trocóniz, acusado de suplantar la figura del secretario del Santo Oficio en varios pueblos de Navarra, en los que:

Recivió testificaciones contra diversas personas, que después las leya a los reos y las componia con ellos rompiendolas por dinero.

Un método con el que, al parecer, había estafado a muchas personas, y por el que debió pagar, al ser enjuiciado entre los ‘penitenciados sin abjuración por diversos delitos‘, con cinco años de galeras y destierro perpetuo del distrito.

***

Ahora y siempre han existido los impostores. Algunos con más gracia, haciendo uso de la golfería y aprovechándose de la inocencia de las gentes, han vagado por el mundo fingiendo ser lo que no son. Otros, jugando con el miedo y la extorsión, han agravado situaciones dramáticas. Durante estos días, cuando todo el mundo habla del coronavirus, los timadores abundan en otro país abonado para la picaresca: Italia. Allí, se multiplica el precio de los geles desinfectantes, charlatanes venden curas milagrosas online y ladrones se hacen pasar por voluntarios de la Cruz Roja o Protección Civil… la historia se repite.

 

Documentos empleados:

– Fernández de Pinero, Kike y Xabi Otsoa de Alda – “‘Brujas’ euskaldunes
alavesas en el proceso inquisitorial de Logroño (1609-1614)”, en Fontes Linguae Vasconum (FLV), 109 (2008), 419-441
– Alfaro Fournier, Tomás – Vida de la ciudad de Vitoria (Madrid: Magisterio Español, 1951)
– Velasco Fernández de la Cuesta, Ladislao de – Memorias del Vitoria de antaño (Vitoria: [s.n.], 1921)
– Bazán Díaz, Iñaki – Delincuencia y criminalidad en el País Vasco en la transición de la Edad Media a la Moderna (Vitoria: Gobierno Vasco, 1995)
– Bombín Pérez, Antonio – La Inquisición en el País Vasco : el Tribunal de Logroño (1570-1610) (Bilbao: Universidad del País Vasco, 1997)
– A.M.V.G. ACTAS-1_1428-1429 (asunto 79)

Imágenes:

– Cabecera: fotografía de Inge Morath (1962) © Inge Morath/Magnum Photos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s