Republica del Pueblo Nuevo…

Vamos a dedicar esta entrada a un dibujo inédito de Ricardo Becerro de Bengoa. Un diseño de juventud que tiene un trasfondo sumamente interesante, pues nos va a permitir alumbrar algún aspecto poco difundido de su trayectoria política.

El diseño original en cuestión se halla en poder de los herederos de Becerro de Bengoa, pero pudo ser fotografiado en los años 90, durante la investigación que dio como resultado el libro “Ricardo Becerro De Bengoa 1845-1902 (documentos biográficos)”, editado por Mª Camino Urdiain. En ese volumen se incluyeron docenas de dibujos hasta entonces desconocidos, pero otros muchos materiales fueron desechados. Entre esos descartes, conservados a día de hoy en el Archivo Histórico Provincial de Álava, pude localizar el dibujo al que vamos a dedicar este breve análisis:

“Fachada del palacio presidencial de la república del Pueblo Nuevo”, reza el titulo de este bonito alzado. Y, si nos fijamos en la esquina inferior derecha, ubicamos la fecha y firma: “Vitoria-Agosto-1864. El arquitecto constructor R. Becerro de Bengoa”.

Si tenemos presente que Becerro de Bengoa había nacido en febrero de 1845, comprobamos que el diseño lo realizó con 19 años. Para el año 1864 ya habría obtenido el titulo de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Vitoria, con la calificación de sobresaliente, y estaría matriculado en la Universidad Literaria de Valladolid, para continuar allí sus estudios en Ciencias exactas, Física y Naturales. Desde luego, no era arquitecto, ni constructor, así que la rubrica es un toque divertido. Y este dibujo sería el primer indicio de una de las claves ideológicas de su vida: su marcado republicanismo.

Tan solo unos años después, terminados los estudios en Valladolid y tras una breve estadía como profesor en Madrid, Becerro de Bengoa regresó en 1867 a Vitoria para colaborar como Catedrático Auxiliar en el Instituto. De vuelta en la capital alavesa, comenzó a frecuentar el Ateneo y, en mayo de 1868, emprendió una singularísima empresa en solitario: la fundación, puesta en marcha y sostenimiento de un periódico ilustrado. Así, el 28 de mayo de 1868 vio la luz el primer número de El Mentirón, bajo la enigmática firma de un tal Recaredo Bay. Anunciándose como “el periódico ilustrado más barato del mundo”, prometía hacer llegar cada domingo a los hogares vitorianos una selección de artículos ale­gres y chispeantes sobre costumbres alavesas. Aludía así desde el propio título escogido al carácter popular de la publicación, en referencia a ese rincón del centro de la capital alavesa donde las gentes se reunían a charlar y cuchichear.

Con tan sólo 24 años de edad, Becerro de Bengoa era ya una figura sumamente activa en el tejido cultural de la ciudad, y sin duda este semanario literario ilustrado y satírico le granjearía mayor renombre y popularidad, convirtiéndose en un perfecto exponente del humor de su tiempo, de los debates e intereses latentes, y de la convulsa coyuntura política que le tocó vivir. De hecho, El Mentirón se convirtió prontamente en un altavoz de las ideas políticas de su fundador.

A finales de septiembre de 1868 el país se vio sacudido por “La Gloriosa”, sublevación revolucionaria que dio como resultado el destronamiento de Isabel II y la iniciación del Sexenio Democrático. El Mentirón no dudará entonces en tomar partido, mostrar el júbilo ante la nueva situación política y enunciar, a través de artículos y diseños, su programa ideológico, para acercar así ideas complejas a las clases más populares.

La piedra angular del pensamiento del joven Becerro de Bengoa será el régimen foral: un sistema político-administrativo puramente vasco, mitificado, que él pretende extender al resto del territorio español. Además, se abría entonces un intenso debate acerca de la forma ideal de gobierno: ¿república o monarquía? En este sentido, Becerro de Bengoa apuesta firmemente por una república federal, aunque parece muy cercano al llamado “accidentalismo”, según el cual se podría aceptar un régimen monárquico siempre y cuando acatara un cierto programa político.

Así, vemos cómo satiriza la indefinición imperante mediante el dibujo de una mujer equilibrista, con dos cabezas y dos símbolos: la corona y el gorro frigio −símbolo republicano−. También lo hace a través de una alegoría de la revolución que sostiene en el aire la corona, sobre los múltiples pretendientes en disputa, mientras la República se burla de todos ellos. Rey o presidente, no importa, mientras mande la libertad. Y esta última no duda en aliarse con la “ley euscara”, en un “abrazo de la salvación” que deja fuera de juego y en segundo plano al Absolutismo.

De este modo, el dibujo con el que arrancábamos esta entrada es la muestra de un incipiente republicanismo de juventud, quizás más radical en un principio y algo más moderado con el paso de los años, cuando, como apunta Gonzalo Capellán de Miguel, la república resulta más bien “una consecuencia directa de su fuerismo”. Por ello, el 25 de octubre de 1868 Becerro de Bengoa respondía desde El Mentirón al porcentaje de la ciudadanía vitoriana (y a la prensa opositora, como el diario La Unión Vasco-Navarra). que se sorprendía de su beligerancia en el conflicto:

¿No sabíais que era republicano? ¡Hombre! Pues basta saber dónde había nacido para que lo supierais y hoy os repito que fuerista, vascongando y republicano son para mí tres palabras sinónimas.

De hecho, en ese momento de apertura y reflexión nacional, y tras el cierre de El Mentirón (cuya andadura fue breve, pero intensa, permitiéndole demostrar que una empresa como ésta podía mantenerse en Vitoria) en abril de 1869, Becerro de Bengoa dio un paso más al frente y participó, entre los firmantes por Álava, en el Pacto Federal de Eibar. Este acuerdo tuvo lugar el 23 de junio de ese mismo año, y fue uno de los múltiples pactos ideados por el Partido Republicano Federal, buscando tejer alianzas y dotarse de una organización desde el ámbito local al general.

Hubo otro en Tortosa (con representantes de Cataluña, Aragón, Baleares y Valencia), en Córdoba (con Extremadura, Murcia y Andalucía), en La Coruña (Galicia y Asturias) y en Valladolid. Y en el eibarrés tomaron parte representantes de las tres provincias vascas y de Navarra. En ese momento de debate, en el que se discutió por vez primera la idoneidad del sistema de gobierno, sometiendo la monarquía a escrutinio nacional, Becerro de Bengoa y el resto de firmantes apostaron directamente por la opción republicana (aunque finalmente se impuso la monárquica, y en noviembre de 1870 las Cortes Constituyentes eligieron a Amadeo de Saboya, con el nombre de Amadeo I).

De este modo, el segundo articulo del Pacto decía así:

2ª. El partido republicano de las provincias vascongadas y Navarra se declara solidario en cuanto hace relación a su conducta política y a la propaganda del principio de que su actual régimen está completamente garantido, constituida España en república federal y peligrará siempre bajo las monarquías, máxime si se tiene en cuenta la tendencia de los varios aspirantes al solio que envolverán en una guerra fratricida a nuestro hermoso país, guerra en que se jugaría al azar del éxito nuestras venerandas leyes.

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Con 19 años Becerro de Bengoa apuntaba maneras, diseñando la “Fachada del palacio presidencial de la república del Pueblo Nuevo”. Y con 24 lo vemos ya entrando en la arena política y rubricando este pacto junto a otros alaveses como Pedro de la Hidalga, Daniel Ramón de Arrese, Juan Bautista de la Cuesta, Abelardo de Sagarminaga, Hilario Martínez, Juan Roca y Cayetano Letamendi.

Con el paso de los años, Becerro de Bengoa llegaría a ser “la figura republicana alavesa más relevante”, una faceta de su vida escasamente difundida, en la que profundizó de forma excepcional la tesis doctoral de Gorka Martínez Fuentes: El republicanismo vitoriano del último cuarto del siglo XIX, presentada en la UPV/EHU en 2010. Esta dimensión posterior, ya en su etapa de madurez, escapa a las intenciones de esta breve entrada. Pero, como señala Martínez Fuentes, “su republicanismo fue evolucionando con el paso de los años pasando de un inicial radicalismo juvenil, primero de matiz federal y después progresista, a un moderantismo durante la madurez para acabar en una desvinculación en sus últimos años”.

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