En esta entrada vamos a conmemorar un curioso aniversario, pues cumple doscientos años el primer plano topográfico de la ciudad de Vitoria de factura local. Realmente, Vitoria se incorporó tarde al mundo de la cartografía, y lo hizo por mediación del ejército francés, a través de un plano realizado por los capitanes André Mailliart y George de Bois St.Ilys en 1811. Este primer plano de la capital alavesa ya ha sido debidamente analizado por otros autores(1), destacando la rica información que aporta al fijarse en los detalles.

Y a la década siguiente, ya en 1825, Vitoria se dotó de una nueva representación topográfica, gracias a la colaboración del arquitecto alavés Manuel Ángel de Chávarri. El plano que vemos aquí arriba lleva la fecha del 28 de febrero de 1825, por lo que acaba de cumplir su segundo centenario. Lo cierto es que no es tan detallado como nos gustaría, y además no abarca una gran extensión (en el caso de los mapas franceses de comienzos de siglo ocurre lo contrario: uno de ellos se extiende 24 kilómetros cuadrados aproximadamente, y el otro ronda los 100, lo cual permite incluir numerosas aldeas en las inmediaciones de la capital), pero aun así vamos a revisarlo detenidamente para asomarnos a la Vitoria de la primera mitad del XIX, justo en un momento determinante, antes de la convulsión que supuso la primera guerra carlista.

En este sentido, y como punto de partida, en 1825 seguían activos los dos principales conventos de la ciudad: el de Santo Domingo y San Francisco. En cuanto al primero (1), podemos apreciar la enorme dimensión de la huerta, y a su alrededor la tupida red de terrenos y heredades, conectadas mediante caminitos. A la derecha del convento leemos “Campo de Sogueros” (2), ya fuera de la ciudad, en referencia al espacio que, desde hacía siglos, se habría asociado a esta actividad profesional. Recordemos que desde el siglo XV se constatan diversos esfuerzos por sacar del centro de la urbe diversos oficios y labores (pelejeros, cordeleros o curtidores, o las fraguas que pudieran dar lugar a incendios).
Además, del campo de los sogueros ya hablamos en un texto precedente, en el que analizamos el desbarajuste logístico que suponían las ejecuciones publicas en la ciudad, y las quejas y reclamaciones de vecinos tras su celebración. En concreto, los dueños de las heredades y huertas de esa zona alzarían la voz en 1854, pero resulta que antes, en 1822, los afectados fueron los dueños de las fincas colindantes a la plaza de la Leña (antigua plazuela de Santo Domingo, frente al actual Centro Cívico Aldabe), “por los desperfectos que causaban los curiosos, asistentes a las ejecuciones, subiéndose por las tapias para mejor observarlas”. Este espacio, la plaza de la Leña, no aparece referido en el plano de Chavarri, pero se correspondería aproximadamente con el hueco libre que figura frente al convento (3). Y allí se habrían vivido, tan solo tres años antes de la realización del plano, dramáticas escenas ante las ejecuciones de los encausados en las revueltas de la Guerra Realista.
Y si seguimos esta vía de salida de la ciudad, con el llamado “Camino Real para Bilbao”, pronto nos encontramos en el plano con el “Camino para Santa Isabel” (4), un sendero que permitiría llegar hasta el camposanto vitoriano. Debemos pensar que el cementerio de Santa Isabel sería, todavía para el 1825, un espacio cuestionado, al que aún se buscaría alternativa en las décadas posteriores (valorando la opción de ubicar el cementerio en el altito de Judimendi o en el balcón de Arana). En Santa Isabel habrían comenzado a generalizarse las inhumaciones en torno al 1808, mejorando con los años el arbolado o la limpieza y constatándose precisamente en 1825 un curioso acuerdo, según el cual el Ayuntamiento requería la señalización –y posterior construcción– de “veinte sepulturas para los señores capitulares y a su costa y expensas”. Siendo el primero en solicitarlo el marqués de la Alameda, para él y su familia.

Si ahora en cambio ponemos el foco en San Francisco, su entorno nos ofrece también muchas pistas interesantes (5). Delante del convento, junto a la plazuela de San Francisco, vemos la silueta del “Coliseo” (6), la denominación que se empleaba entonces para designar al Teatro Principal de la ciudad, erigido en 1822 sobre el solar antiguamente ocupado por el Hospital de Santiago. Entendemos por tanto que esta última institución ya había definido su nueva ubicación, pues si seguimos la salida por “Portal del Rey” o “Camino Real de Navarra”, nos topamos prontamente con el Hospital a mano derecha (7).
Por otro lado, junto al Coliseo vemos un bloque de viviendas, construido precisamente en 1824 sobre los terrenos pertenecientes originalmente a Joaquín María de Ugarte. Y enfrente del teatro luce la Plaza Nueva, con la alusión a la “Casa de la Ciudad”, y a la llamada “Calle del Rabal”, actual Calle Postas. En lo que posteriormente se vendría en llamar la plaza Bilbao, actual plaza de los Celedones de Oro, el plano no incluye termino alguno y figura la silueta de un edificio: la antigua posada de “Chivota”. Esta construcción sería finalmente demolida tan solo unos años más tarde, ya en 1828, cuando el centro de Vitoria se transformo sobremanera para acoger la visita de Fernando VII y María Josefa Amalia De Sajonia. Como se puede comprobar, este plano se hizo en un momento clave, pues justo antes y después se sucederían innumerables reformas y cambios.
Al observar el espacio frente a la Plaza Nueva, todavía no ha surgido urbanización alguna, y entre grandes huertas el único caminito remite al “Barrio de la Arca” (8). Por lo tanto, el lugar que posteriormente ocuparía la calle de la Estación (actual calle Dato) a partir de 1865, era una zona completamente rural, donde aún no se había promovido ningún Plan General de Edificación (pensemos que faltaban casi cuatro décadas para que el ferrocarril llegase a la ciudad). En este sentido, contamos con una bonita descripción de este barrio, de la mano del siempre interesante Ricardo Becerro de Bengoa y procedente de El libro de Álava (1877):
“Hasta hace diez años había en esta parte de la población una tortuosa y estrecha callejuela, que empezando en el Parador viejo y continuando entre tapias de huertas, con algunas construcciones nuevas y casas de labradores, concluía en el barrio y fuente de las Animas; llamábase el barrio del Arca. Hoy es un hermoso boulevard, de lo más escogido y elegante de Vitoria. Forman su línea de la derecha sobre la anchurosa acera, una fila de hermosos edificios propios en gran parte del Sr. Arrieta, y en ella están los establecimientos de la droguería de Buesa; géneros de Herrero, sombrerería de Albeniz, el Gobierno Civil, Correos y otros varios”
Si miramos en cambio hacia el entorno de la actual plaza de la Virgen Blanca, por entonces Plaza Vieja, observaremos que figura la fuente en el centro del espacio público, y bien cerca los conventos de San Antonio y de Santa Clara. Igualmente, en la actual calle El prado y en la que hoy denominamos como plaza General Loma, veremos que ya figuran las “Nuevas Casas de Echavarria” (9), diseñadas por el célebre arquitecto neoclásico Silvestre Pérez hacia 1820 (autor también de los planos del Teatro o Coliseo al que hemos aludido antes) y propiedad de Luis Velasco. En ese mismo punto, surgía el “Barrio de san Antonio, apenas urbanizado para entonces, y al termino del cual nos topamos con un molino en el plano. Seguramente, dada su ubicación, sería el llamado Molinatxo o Molinacho (10), un término que aparece recurrentemente a lo largo de los siglos y que parece aludir a una infraestructura ubicada en la confluencia actual de la calle San Antonio con Manuel Iradier.
En la parte trasera del convento de Santa Clara, tras las huertas del cenobio, vemos que ya ha tomado forma (y nombre) el paseo de la Florida, cuyo trazado se había decidido precisamente en 1820. Además, ya para este momento, el circulo central del jardín habría sido decorado con las estatuas de los 4 Reyes Godos, pues el traslado desde Madrid se efectuó en 1821. En el espacio que hoy ocupa la Catedral Nueva, vemos el convento de las Brígidas y, a mano izquierda, el “Juego de Pelota” (11), en alusión al frontón público que en ese período ocupaba la actual calle Vicente Goikoetxea. Justo enfrente se indica la “Casa de Baños” y, desde ahí, se señalizan las “Cercas”, que llegan hasta el “Portal oscuro”. Esta última referencia se corresponde con el cantón al que hoy día llamamos de Anorbín. No se lo derribó hasta 1853, cuando se acometieron distintas medidas de saneamiento en línea con el pensamiento higienista imperante en la época, y lógicamente aludía a un túnel o pasadizo con escasa o nula iluminación, y seguramente insalubre.

Antes de terminar con el análisis del plano, un par de apuntes más. Es curiosa la cantidad de huertas (dibujadas en tono azul) que para el 1825 se situaban en el casco antiguo, principalmente en el entorno del Palacio de Montehermoso y el Campillo. Vemos también que junto a San Vicente figura la “Cárcel pública” (12), emplazada desde antiguo en el palacio de los Ayala. Frente a la parroquia de Santa María, la Catedral Vieja, se indica el emplazamiento de la “Casa de Hermosura” (13), en el solar donde históricamente estuvo el Hospital de Santa María y, posteriormente, el Seminario Conciliar. ¿Qué función cumplía esta Casa? Lo cierto es que la referencia no vuelve a repetirse, pero se especula con que en 1825 podría estar siendo empleada como cárcel de mujeres. Por último, todavía seguía en pie la quinta torre de la ciudad, pues junto al Hospicio identificamos −en la “Calle Nueva”− la parroquia de San Ildefonso (14), cuyo desmontaje y desaparición no se produciría hasta 1839, durante los últimos coletazos de la Primera Guerra Carlista.
Para despedir esta sencilla historia, que nos ha permitido calibrar el enorme valor de este tipo de representaciones cartográficas, quizás convenga anotar un puñado de referencias sobre el autor del plano. Manuel Ángel de Chávarri era natural de Izoria y trabajaba entonces como arquitecto municipal. Suyo es también el primer plano del Parque de la Florida (trazado en 1820) y un curioso mapa de 1815 que mostraremos a continuación, en donde se representan las posiciones principales de ambos bandos durante la Batalla de Vitoria. Además, conocemos también su proyecto de reforma para el cementerio de Vitoria, presentado en 1833 con el título de “Plano geométrico que manifiesta la planta general de un cementerio para la ciudad de Vitoria, arreglado a su población y al incremento que sigue; y demostración en escala mayor de las plantas y alzados del Templete del centro y la portada que deberá ejecutar en el lado que hace frente al Camino Real que se dirige a Arriaga”. En su propuesta, al contrario de otros colegas de oficio que promovían buscar un nuevo destino, apuesta por Santa Isabel, e idea un camposanto octogonal en medio del cual se emplazaría un templete central con esta misma forma. Si el proyecto de Santa Isabel quedó inconcluso, si que encontramos el sello neoclásico de Chávarri en otro edificio ilustre de la provincia: el ayuntamiento de Laguardia, cuyas condiciones firmó nuestro protagonista junto a Juan Bautista de Mendizábal en 1829.

Cabe señalar que Chávarri figura como alumno de la Academia de San Fernando durante los últimos años del XVIII, y en la web de la institución puede consultarse una completa ficha en la que se enumeran algunos de los encargos recibidos a lo largo de su trayectoria, tanto en Álava como en La Rioja, Navarra o Cantabria.
Notas:
(1) Véase el artículo «Napoleón puso Vitoria en el mapa» de Francisco Góngora, publicado en El Correo el 08/04/2019. La entrada titulada «Conocemos la Vitoria de 1812 por las cartografías realizadas por militares franceses«, de la mano de Iñaki Armentia en la Cadena SER Vitoria, el 07/10/2019. Y el ameno video «Un paseo por el plano más antiguo de Vitoria (año 1812)«, en el canal de Youtube de Ismael García-Gómez.
Documentos empleados:
– Martínez de Madina Salazar, Elena y Knörr Borràs, Henrike. Toponimia de Vitoria, Euskaltzaindia, 2009.
– Plano topográfico de la ciudad de Vitoria y sus barrios, realizado por Manuel Ángel de Chávarri el 28 de febrero de 1825 [Reproducido con el permiso del Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz].
Imagen de cabecera:
– Diseño de Obdulio López de Uralde, «Vitoria se ensancha, año 1850».